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La curiosa historia del Times New Roman

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Nota (MDE): Una vez vista la película de Helvetica, donde apreciamos la importancia de la letra impresa como pilar cultural, les comparto este artículo publicado hace un año en el Financial Times, que trata del "origen" de otra celebridad tipográfica, en este caso la Times New Roman, que hasta los años 80 era la tipografía mas usada para periódicos (New York Times, The Times, El País, entre otros...) y que a partir de la popularización de microsoft word es la más impresa de nuestro tiempo.



Por Joel Alas, Financial Times


Mike ParkerEn su apartamento con vista a los muelles de pesca de Portland, en el estado norteamericano de Maine, Mike Parker estaba dando los retoques finales a un tipo, afinando unas pocas obstinadas serifas y engrosando algunas rectas verticales. El tipo —hoy se dicefuente1— era perfectamente reconocible, incluso para quienes no se interesan en diseño tipográfico. Parecía un Times New Roman, pero en la hoja de muestra de Parker llevaba un nombre diferente. «Yo lo llamoStarling, el nombre del hombre que la diseñó», dijo.

En su lanzamiento, en junio, el Starling fue presentado no exactamente como un nuevo tipo, sino como un desafío a la historia generalmente aceptada de uno de los tipos más usados del mundo. Y después de haber dedicado su vida a la tipografía, Parker está perfectamente al tanto de la controversia en la que está involucrado: la tipografía puede presentarse bajo una apariencia refinada, pero en realidad es una forma de arte marcada por acérrimas rivalidades y plagios descarados.

Hay que admitir que la historia de Parker sobre el origen real del tipo Times New Roman se basa en cimientos un tanto endebles. El único elemento que respalda su versión es un molde de latón con una gran letra B mayúscula, que él sostiene en alto para mostrar la forma familiar de la letra, con sus características curvas y serifas. El punto es, dice, que esos moldes de latón representan una tecnología que no se usa desde 1915, y la creación del Times New Roman fue anunciada en 1932.

Parker, que tiene ochenta años, es uno de los principales especialistas en tipografía del mundo. Como director de desarrollo tipográfico en la entonces formidable empresa Mergenthaler Linotype, entre 1950 y 1970, tuvo enorme influencia sobre los tipos disponibles para el público estadounidense. Fue él quien decidió introducir la Helvetica en el acervo de la Linotype, creando un diseño que mantiene su vigencia aún hoy. Pero desde que fue invitado a comienzos de los años noventa a examinar algún material de archivo, Parker decidió dedicar su tiempo a resolver un inquietante misterio.

La invitación provino de Gerald Giampa, un excéntrico impresor canadiense quien, en 1987, adquirió lo que quedaba de la empresa Lanston Monotype. Giampa escudriñó los archivos de la compañía, y aseguraba haber rescatado documentos referentes a un tipo que era conocido apenas como Número 54, el mismo, asegura Parker, que hoy conocemos como Times New Roman. Y estos documentos, que estaban fechados en 1904, llevaban el nombre de un diseñador diferente: William Starling Burgess.

«Gerald me envió algunos moldes y me preguntó: '¿No te resultan familiares?', Le contesté, 'sí, son Times New Roman', y él me dijo 'no, son mucho más antiguos'».

William Stanley BurgessWilliam Starling Burgess nació en 1878 en una familia acaudalada de Boston, y es recordado más bien como un consumado diseñador naval y aeronáutico, constructor de yates para las principales competiciones estadounidenses y aviones para los hermanos Wright. Pero Parker cree que antes de embarcarse en su carrera estelar en los cielos y en el agua, tuvo un breve pero rutilante devaneo con la tipografía.

Giampa asegura que, cuando empezó a investigar los archivos de Lanston Monotype, halló correspondencia entre la empresa y Burgess quien, en 1904, ordenó la fabricación de un tipo para ser usado en los documentos de su astillero de Marblehead, Massachusetts. Pero antes de que Lanston Monotype pudiera cumplir con el pedido —aseguraba Giampa— Burgess presenció uno de los primeros vuelos de los hermanos Wright, con lo que abandonó su interés por la tipografía y abrazó la naciente aviación. Sus dibujos originales fueron archivados por la compañía comoNumber 54, y quedaron durante décadas olvidados en un estante.

Molde de latónParker dice que en 1921 Lanston Monotype trató infructuosamente de vender el tipo Number 54 a una nueva revista estadounidense llamada Time. Poco tiempo después, los dibujos de Burgess cayeron en manos de Stanley Morison, un asesor en tipografía de la Monotype Corporation de Gran Bretaña, por intermedio de Frank Hinman Pierpont, un norteamericano que dirigía la fábrica de esa empresa en Surrey, y que hizo carrera reviviendo tipos antiguos.

A comienzos del siglo XX, la tipografía avanzaba a pasos agigantados, pero los diarios no avanzaban al ritmo de los cambios. El diario londinense The Timesusó un tipo grueso, con serifa, que resultaba pesado para el ojo y representaba un desperdicio de tinta y papel. Cuando Morison criticó al The Times por este tipo en 1929, el diario lo desafió a ofrecer algo mejor. En sus escritos, Morison dice haber buscado inspiración en una modificación de un tipo del siglo XVI llamado Plantin. El diario le entregó un bosquejo a uno de sus dibujantes,Victor Lardent, quien concluyó el diseño. Los dibujos de Morison-Lardent fueron aceptados y, el 3 de octubre de 1932, The Times fue a la imprenta estrenando su flamante tipo.

Sin embargo, otras fuentes sugieren que el rediseño fue mucho más desafiante que lo que Morison admitió. Él buscó y rebuscó entre incontables tipos que no tuvieron éxito y hasta requirió la ayuda de diseñadores externos, incluyendo el eminente tipógrafo Harry Carter, quien bosquejó algunas propuestas. Algunos años después, el hijo de Carter, Matthew, él mismo un celebrado tipógrafo, halló aquellas hojas abandonadas de bosquejos en el cajón de calcetines de su padre. «Cuando le pregunté que había ocurrido con aquello, mi padre se limitó a reír y me contestó que Morison jamás le había respondido».

Parker cree saber por qué los dibujos de Carter fueron abandonados: a Morison le habían llegado por entonces los diseños del tipo Number 54presumiblemente robados por Pierpoint. Parker no conoce razón exacta por la que llegaron a las manos de Pierpoint, pero tiene una teoría. «Morison no tenía límites», dice Parker, quien tiene numerosas anécdotas sobre sus numerosos encuentros, las cuales pintan un cuadro de un hombre malicioso y taimado. Morison nunca pretendió el crédito por el diseño del tipo, pero reivindica al menos haberlo «imaginado». Años después del lanzamiento de único tipo que se le atribuye, escribió: «Tiene el mérito de que no parece haber sido diseñado por nadie en particular».

Hasta hoy, Giampa2 y Parker son los únicos que reivindican haber visto la mayor parte de las pruebas que respaldan la autoría de Burgess pero desafortunadamente, nadie más tuvo la oportunidad de verificar sus afirmaciones. En 1918, un incendio destruyó el astillero de Burgess, incinerando documentos que podrían haber arrojado luz sobre sus actividades en 1904 cuando, según Parker sugiere, habrían sido confeccionados los dibujos originales del nuevo tipo. Del otro lado del océano, una bomba estalló en 1941 cerca de la sede en Londres de Monotype Corporation, destruyendo mucha información sobre las actividades de Morison en el rediseño del tipo para The Times.

Todo lo que quedaba eran los archivos de Lanston Monotype en posesión de Giampa, hasta que ellos también sufrieron un desastre. En enero de 2000, la casa de Giampa se inundó y se perdió un siglo entero de historia de la imprenta. «El grueso de los archivos terminó en un contenedor de escombros», dijo Giampa. Hay un segundo archivo de los dibujos de Lanston Monotype en el Smithsonian Institute en Washington, pero están fuera del alcance de los investigadores, porque el local se contaminó con amianto y plomo, y debió ser clausurado por tiempo indeterminado. Pero antes de que eso ocurriera, en 1996 Parker había visitado el Smithsonian en 1996 y copiado los dibujos del Number 54.

En tipografía, no hay peor insulto que una acusación de plagio. Cuando Parker presentó su teoría sobre los orígenes del Times New Roman, fue objeto de un coro de críticas. El autor británico Nicolas Barker, biógrafo de Morison, calificó la teoría como un «desorientado intento de cambiar la historia». «Es una creación de Mike Parker, quien lo hizo en parte como chiste, pero en parte para ayudar a su amigo Gerald Giampa,» afirma Barker. «Giampa era el potencial beneficiario pues si hubiera podido demostrar que el diseño era una copia de la versión británica, existía la posibilidad de establecer un derecho de patente de los diseños, al menos en Estados Unidos. Esa es la única razón lógica que logro imaginar por la cual ellos podrían querer producir una historia que no fuera un chiste infantil», expresó. Parker contestó que Barker era un «amigo de Monotype», que ha escrito varios libros y artículos sobre Morison.

Barker y otros dicen que Parker fracasó en su intento de producir alguna prueba concluyente de sus historia, afirman que se trata de una especulación divertida basada en documentos que nadie vio. Otro crítico es Jim Rimmer, un diseñador canadiense de tipos que vive en Vancouver, quien calificó a Giampa como un «mentiroso patológico». Rimmer dijo que había tratado a Giampa durante 35 años y lo calificó como un «bromista» que había inventado la historia de Burgess «como forma de hacerse importante».

En cambio, Matthew Carter, diseñador de los tiposGeorgia y Verdana, se cuenta entre aquellos que creen que la historia de Parker es «muy verosímil». Recuerda claramente a Stanley Morison, un hombre al que cree capaz de llegar a eso. «Conocí a Morison y la compañía [British Monotype], que en su apogeo fueron la empresa más arrogante» del ramo, aseguró Carter. «Morison tenía un carácter muy complejo. Le gustaba hacer bromas; le interesaba el poder y le gustaba actuar entre bambalinas. Yo puedo creer que a él le hubiera gustado tomar parte en una estratagema como ésta, pese a que todavía no sabemos la verdad», declaró.

El propio The Times ha empezado a aceptar la posibilidad de una historia alternativa para su famoso tipo. El diario ya reconoció que el Times New Romanfue diseñado por Stanley Morison, Victor Lardent «y posiblemente Starling Burgess».

Poco antes de su muerte en junio, Giampa defendió su reputación. Detrás del mostrador de una casa de antigüedades situada sobre la costa de Vancouver, el pintoresco impresor canadiense aseguraba que él de ninguna manera había fabricado la historia de Burgess, y sostenía que ella se basaba en los documentos y en los moldes que había hallado en el archivo de la Lanston Monotype. Todos esos registros se perdieron en la inundación de la isla Prince Edward Island, dijo, excepto el molde que obra en poder de Mike Parker. Y es sobre este molde que reposa hoy toda la teoría Burgess.

Junto con el tipo Starling-Roman, Parker liberó una serie de las correspondientes bastardillas. Asegura que en 1904 Burgess diseñó cinco letras de bastardilla para acompañar el tipo Number 54, antes de abandonar la tipografía para dedicarse a la aviación. Parker tomó para sí la misión de terminar el trabajo y ha dedicado los últimos cinco años a dibujar cuidadosamente los elegantes tipos inclinados de una grácil bastardilla.

«La itálica de Morison no era muy buena», dice de la versión actual del Times New Roman, que considera una creación de Morison-Lardent. «No coincidía en nada con el tipo Roman; era una bastardillaMonotype», comenta. Ahora Parker está dedicado a rectificar este tipo dotándolo de la bastardilla que merece. Exceptuando los cinco caracteres inspiradores, se trata íntegramente de un trabajo propio de Parker y, cabe destacar, la principal creación tipográfica de su vida. Después de haber pasado décadas en el ramo, Parker se ha convertido en un creativo administrador y en un investigador, pero nunca fue un tipógrafo propiamente dicho.

Y ésa es, por supuesto, la fuerza real que está por detrás del entusiasmo de Parker por la historia de William Starling Burgess: con ella le fue dada por primera vez la oportunidad de crear su propio tipo.

Traducción de Ricardo Soca

1 Fuente es un anglicismo difundido por la Microsoft a partir de su sistema operativo Windows. En español se dijo siempre tipos.

Amarás al iPad sobre todas las cosas

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El nuevo producto de Apple ha suscitado en cuatro días reacciones de devoción y críticas

DAVID ALANDETE, EL PAÍS 31/01/2010

El mundo quería una tableta. Y Steve Jobs creó una. Pero no una tableta cualquiera. El consejero delegado de Apple creó el iPad, un nuevo tipo de producto en sí mismo. Con sus virtudes. Con sus defectos. Llamado a revolucionar el mundo de la tecnología. Ese dispositivo de 10 pulgadas (25 centímetros) tiene ahora ante sí una tarea de titanes: impulsar el mercado de los libros digitales, hacer de la prensa online un negocio rentable y atraer a las generaciones adultas a las nuevas tecnologías. Se le atribuyen todo tipo de bondades. Se esperan de él milagros. Ha suscitado, en cuatro días, reacciones de devoción y decepciones amargas. Del iPad se espera una revolución.

El dispositivo, de 10 pulgadas, aspira a impulsar el mercado editorial La revista 'The Economist' llama al artilugio "la tableta de la esperanza". Wired: "Es un Iphone gigante que no sirve para llamar por teléfono". Para 'The New York Times', "une lo mejor de la prensa escrita y lo digital"

Durante meses se había hablado incansablemente del advenimiento de la tableta, la nueva creación de Apple que iba a ser capaz de revolucionar el mercado tanto como el iPod revolucionó los reproductores de música o el iPhone la telefonía. Pero la promesa de un dispositivo de esa naturaleza viene de mucho, mucho tiempo atrás.

Hace una década ya se hablaba de una posible tableta de Apple. Antes incluso del nacimiento del iPod, que vio la luz el 23 de octubre de 2001. El diario USA Today publicaba el 25 de julio de 2000: "Apple tendrá que idear un nuevo truco el año que viene para suscitar el interés del consumidor". Y añadía: "La especulación se ha centrado en [...] una tableta del tamaño de un Macintosh".

Hoy, 10 años después, existe, por fin, el iPad. En los pasados meses, diarios y revistas publicaron vaticinios sobre la nueva tableta, llamándola iSlate, iTablet o iSlab. Los blogueros crearon imágenes falsas más o menos parecidas al proyecto real. "Crece el rumor de que Apple pronto desvelará un producto estilo tableta para consumir música, películas, libros y otro contenido media", decía Associated Press en enero.

Rumores. Ilusiones. Filtraciones. Todo llevó al gran momento del miércoles, en que Steve Jobs presentó un ordenador con una pantalla de 10 pulgadas, sin teclado físico ni puertos USB o HDMI, con conectividad exclusivamente inalámbrica, incapaz de ejecutar más de un programa a la vez, no compatible con los gráficos flash, dotado de un disco duro de entre 16 y 64 gigas y un precio de entre 300 a 600 euros.

La mañana de su presentación eclipsó todas las noticias. El consejero delegado de Apple fue el hombre del día: "¿Tenemos lo que se necesita para crear una nueva categoría de productos? El listón está muy alto. Tiene que ser excelente en sus funciones. Creo que tenemos el producto". En sus manos, el artilugio llamado a revolucionar la prensa y los libros. "La tableta de la esperanza", según The Economist.

La cuestión es si Apple ha presentado algo nuevo. Las tabletas existen casi desde que existen los ordenadores. En la película 2001: Odisea del espacio aparecía un prototipo similar al que mostró Jobs. Y precisamente en 2001 Bill Gates presentó otro prototipo de tableta para el que se creó un sistema operativo específico, pensado para convertir la escritura manual en texto digital. Actualmente, fabricantes como Asus, Toshiba o Lenovo fabrican tabletas.

Y aún así la de Apple ha generado todo tipo de reacciones. En su presentación, Jobs logró que le acompañaran representantes de uno de los diarios más prestigiosos del mundo, The New York Times, y de una de las mayores empresas de juegos online, Gameloft. Ha conseguido que, una semana antes del acto del miércoles, Amazon anunciara que abría su lector Kindle a aplicaciones de terceros, para dotarlo de más dinamismo. Y cinco editoriales se han ofrecido a formar parte de la nueva tienda de libros de Apple, iBooks: Hachette, Harper Collins, Macmillan, Penguin y Simon & Schuster.

Apple mueve montañas. Ha revolucionado el sector al presentar algo que ya se había fabricado pero, a la vez, ha logrado que el iPad, con sus particularidades, cree una categoría nueva en sí misma. Esta capacidad emana, en gran parte, de un hombre al que la revista The Economist retrata esta semana como un santo, mostrando a la humanidad la tabla (el iPad) de la ley: Steve Jobs, cofundador de la empresa y ausentado de ella a mediados de los ochenta, el hombre que volvió a tomar sus riendas en 1996 para producir, en serie, el iMac, el iBook, el iPod, el MacBook y el iPhone. Todos ellos, con un denominador común: "Simplicidad, elegancia, facilidad de uso, prestigio, y sensación de integración", explica Geoffrey Long, analista y profesor de nuevas tecnologías en el Massachusetts Institute of Technology. "Se ve a Apple como una marca de lujo, aunque la elevada difusión del iPod y el iPhone la convierten en un lujo que mucha gente se da el gusto de tener. Cuando Jobs sube a un escenario y dice que algo funciona, la gente lo compra".

Jobs tiene una forma inteligente de sorprender a la competencia y a los consumidores. "En el mundo de la informática, normalmente, se anuncian los productos con meses de antelación" explica el analista Mike McGuire, de la consultora Gartner. "Durante décadas, las empresas han anunciado los productos informáticos con suficiente antelación como para que las familias organizaran sus presupuestos y pudieran permitirse comprar un nuevo dispositivo". "Apple es otra historia", clarifica. "Usa el factor sorpresa. A excepción del iPhone, ha mantenido sus últimos productos en el más estricto silencio. Y tuvo que anunciar el iPhone porque, cuando lo registró como un teléfono en la Comisión Federal de Comunicaciones de EE UU, en 2007, la documentación al respecto quedaba al alcance de cualquier ciudadano. Al no informar de sus productos antes de vender sorprende a la competencia con el paso cambiado y no deja al consumidor tiempo para reaccionar. Apple tiene claro que si alguien se plantea una compra dos veces, puede que no la llegue a completar. Por eso, en su estrategia no queda espacio para la planificación. Apela al consumismo más primario".

De ese modo, es cierto que los medios y los consumidores llevaban años pidiéndole una tableta a Apple. La expectación ha sido tan grande, el listón tan alto, que la decepción era inevitable. Daniel Indiviglio, en The Atlantic, dice que el iPad "es como si un iPhone y un Kindle tuvieran un hijo, y le hincharan a base de esteroides". En la página Gizmodo, como en otras, se le critica que no sea compatible con Flash (unos gráficos que utiliza la inmensa mayoría de páginas web) y que no disponga de cámara. En Wired, un sitio web de culto para los amantes de la tecnología, se dice que "lo que Steve Jobs enseñó es, de hecho, poco más que un iPhone gigante. Un iPhone gigante que no sirve para llamar por teléfono".

De todos modos nadie le puede reprochar nada a Jobs o a Apple, porque lo único que ambos dijeron en los pasados meses sobre el iPad fue: "Ven a ver nuestra última creación". Apple no emitió un solo comunicado, ni produjo un solo anuncio publicitario o compró página alguna de publicidad. Finalmente, invitó, con aquella frase, a medios de todo el mundo (entre ellos EL PAÍS) a acudir a California el miércoles pasado, a un evento del que no se sabía nada con certeza.

Ahora, esos mismos analistas se preguntan cuál es el público que puede hacer del producto un nuevo éxito comercial para Apple. Hay muchos que creen que será el iPod de los baby boomers, la generación nacida entre 1945 y 1965, acostumbrada a la lectura de libros y diarios en papel, a ver la televisión en pantallas grandes, que han tenido que hacer un esfuerzo para adaptarse a la ubicuidad de Internet y a la presencia de la tecnología en casi cada aspecto de su vida.

"El iPhone no es perfecto para la generación del baby boom (que ahora cumple entre 45 y 65 años)", publica Gizmodo en una entrada titulada El iPad de Apple es para ancianos. "La pantalla y el texto son demasiado pequeños para los ojos de los mayores, el teclado es demasiado pequeño para escribir con comodidad, convirtiéndolo en algo inútil incluso para las tareas administrativas más básicas". El iPad sería, por tanto, un lector y reproductor multimedia para gente que no esté cómoda con los reducidos tamaños de las nuevas tecnologías y que no piense sólo en la portabilidad.

Ese puede ser el secreto del iPad, la clave de su posible éxito y la razón por la que podría salvar el futuro de los medios tradicionales, ansiosos por encontrar una forma de mantener a sus lectores y su publicidad a través de Internet. La prensa necesitaba ese tipo de esperanza. En un año, la crisis en ese sector ha obligado a cerrar 120 periódicos y ha dejado sin empleo a 21.000 trabajadores. El número de lectores desciende a diario. Según una reciente encuesta del Pew Research Center, sólo un 25% de los estadounidenses lee el diario en papel con asiduidad. En 2006 esta cifra era del 34%. Esa encuesta habla de un "vacío generacional" entre los lectores de prensa: un 55% de los nacidos antes de 1946 lee diarios, en papel o en la red. Esa cifra se reduce a un 42% para los nacidos entre 1946 y 1964, y a un 33% para los nacidos entre 1965 y 1976.

Y, de repente, ha llegado el iPad, que "une lo mejor de la prensa escrita con lo mejor del digital", según un directivo de The New York Times, Martin Nisenholtz, que presentó la aplicación de su diario para esa tableta junto a Steve Jobs. Su compañera en el mismo medio, Jennifer Brook, aseguró en ese mismo acto haber capturado "la esencia de leer un periódico". Decía esto mientras pasaba hojas en la pantalla del iPad. Como si fueran de papel. Porque el formato de 10 pulgadas del iPad lo permite. "Y permite diseñar el diario a la medida de cada uno, cambiando columnas, reformateándolo", añadió.

Para el Times, un iPad puede ser, de hecho, un sueño hecho realidad. Al fin y al cabo su aplicación para el iPhone se ha descargado ya tres millones de veces. A eso hay que añadir las monumentales cifras con las que se presenta Apple a sus posibles socios: 125 millones de cuentas de iTunes, con la información de 125 millones de tarjetas de crédito almacenadas en sus servidores, listas para ser cargadas con un solo clic por noticias sueltas o suscripciones mensuales. Teniendo en cuenta estos factores, es lógico que el Times anunciara el 21 de este mes que cobrará por sus contenidos online, algo que podría entrar en una amplia estrategia para reinventarse aprovechando la comercialización del iPad.

"Esta puede ser una señal para que los editores de periódicos, revistas y libros inicien la creación de una nueva generación de contendido multimedia, diseñado para ese tipo de tabletas", explica Ben Bajarin, estratega jefe de la consultora Creative Strategies. "Por primera vez, el sector puede tener ante sí la posibilidad de un modelo de negocio online rentable, que no sea totalmente gratuito. El modelo actual es imposible de mantener. Los medios ofrecen de forma gratuita en la Red contenidos que antes vendían. En principio se pensó que un modelo basado exclusivamente en la publicidad sustentaría el negocio. Pero no ha sido así. Ahora tienen la oportunidad de ofrecer un nuevo formato informativo online, a través del iPad y otros dispositivos, por el que cobrar y aumentar beneficios o salir de pérdidas".

Hay una diferencia sustancial entre el iPad y sus dos ilustres predecesores, el iPhone y el iPod. Nadie dio a éstos por ganadores antes de que nacieran. Muy pocos supieron ver la revolución que representaban. Y hoy, Apple ha vendido más de 42 millones de teléfonos y 240 millones de reproductores de música. Al iPad, en cambio, todos quieren verlo como ganador. Y sus riesgos de ser un fracaso son mayores. El anonimato suele ser el mejor aliado de los triunfadores.

De Gutemberg a Internet Conferencia de Umberto Eco

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De Gutemberg a Internet Conferencia de Umberto Eco
Traducción de Enrique Alvarado Noguera

Conferencia pronunciada por Umberto Eco en la
Academia italiana de estudios avanzados en Estados Unidos el 12 de noviembre ed 1996.

Según Platón (en Phaedrus) cuando Hermes, el inventor de la escritura, presentó su invención al Faraón Thamus, él elogió su nueva técnica que permitiría que los seres humanos recordaran con mayor facilidad aquello que de otra manera quedaría en el olvido. Pero el Faraón no estaba satisfecho. "Mi querido Theut, dijo, la memoria es un gran regalo que debe ser mantenido vivo entrenándole continuamente. Con su invención la gente no se preocupará por entrenar la memoria. Recordarán cosas no debido a un esfuerzo interno, sino por virtud mera de un dispositivo externo."

Podemos entender la preocupación del Faraón. El escribir, como cualquier otro nuevo dispositivo tecnológico, habría hecho torpe la energía humana que substituyó y reforzó. Así como los automóviles nos hicieron menos capaces de caminar. Según el Faraón, la escritura era peligrosa porque disminuye las energías de la mente al ofrecer a los seres humanos un alma petrificada, una caricatura de la mente, una memoria mineral.

El texto de Platón es irónico, naturalmente. Platón escribía su argumento contra la escritura, Pero pretendía que su discurso fuera dicho por Sócrates, quien no escribió nunca. Hoy en día, nadie comparte estas preocupaciones, por dos razones muy simples. Primero que todo, sabemos que los libros no son una manera de hacer que alguien piense por nosotros; por el contrario, son instrumentos que provocan en nosotros pensamientos más allá de la lectura original. Solo después de la invención de la escritura fue posible escribir una obra maestra sobre la memoria espontánea como En busca del tiempo perdido de Proust.

En segundo lugar, si alguna vez fue necesario para la gente entrenar la memoria para recordar cosas, después de la invención de la escritura fue también necesario entrenar la memoria para recordar libros. Los libros desafían y mejoran la memoria no la narcotizan.

Sin embargo, el Faraón estaba expresando un miedo eterno: el miedo a que un nuevo logro tecnológico pueda suprimir o destruir algo que consideramos precioso, fructífero, algo que representa para nosotros un valor en sí mismo, y profundamente espiritual.

Fue como si el Faraón señaló primero a la superficie escrita y luego a una imagen ideal de la memoria humana, y dijera: "esto matará a eso."

Más de mil años más tarde, Víctor Hugo en Nuestra Señora de París, nos muestra a un sacerdote, Claude Frollo, señalando con su dedo primero a un libro, luego a las torres y a las imágenes de su catedral querida, diciendo "ceci tuera cela", esto matará aquello. (El libro matará a la catedral, el alfabeto matará a las imágenes).

La historia Nuestra Señora de París ocurre en el siglo de la invención de la imprenta. Antes que eso, los manuscritos estaban reservados a una élite restringida de personas que sabían leer y escribir. Los únicos medios de enseñar a las masas las historias de la Biblia, la vida de Cristo y de los santos, los principios morales, incluso los hechos de la historia nacional o las nociones más elementales de la geografía y de las ciencias naturales fueron proporcionados por las imágenes de la catedral. Una catedral medieval era una clase de programa permanente inmodificable de televisión que se suponía debía comunicar a la gente lo indispensable para sus vidas cotidianas así como para su salvación eterna. El libro habría distraído a la gente de sus valores más importantes, animándolos a buscar información innecesaria, a interpretar libremente las escrituras, y a fomentar una curiosidad insana

Durante los años 60, Marshal McLuhan escribió La Galaxia de Gutenberg, donde anunció que la manera linear del pensamiento instaurado por la invención de la prensa, estaba al borde de ser substituido por una manera más global de percibir y de entender a través de imágenes de la televisión u otro tipo de dispositivos electrónicos. Si no Mc Luhan, muchos de sus lectores señalaron primero a una Discoteca y luego a un libro impreso diciendo: "esto matará eso.".

Los medios necesitaron cierto tiempo para aceptar la idea de que nuestra civilización estaba al borde de convertirse en una sociedad orientada hacia la imagen. (Lo cual habría implicado la decadencia de la literatura). Esto es hoy en día un punto común para cada publicación semanal. Lo curioso es que cuando los medios comenzaron a celebrar la decadencia de la literatura y el poder abrumador de las imágenes, justo en ese momento apareció la computadora en la escena mundial Una computadora es ciertamente un instrumento por medio del cual es posible producir y corregir imágenes, ciertas instrucciones se proporcionan por medio de iconos; pero es igualmente cierto que la computadora se ha convertido, primero que todo, en un instrumento alfabético. En su pantalla se despliegan palabras, líneas y párrafos, y para utilizar una computadora usted debe poder escribir y leer. La nueva generación de la era de la computadora está entrenada para leer a una velocidad increíble. Un profesor tradicional de la universidad es hoy incapaz de leer una pantalla de computadora a la misma velocidad que un adolescente. Si estos mismos adolescentes, desean programar su propio ordenador personal, deben saber, o aprender los procedimientos y los algoritmos lógicos, y deben mecanografiar palabras y números en un teclado, a una gran velocidad. En este sentido podemos afirmar que la computadora nos hizo volver a la Galaxia de Gutenberg.

Las personas que pasan noches enteras sosteniendo una conversación interminable por Internet lo hacen fundamentalmente a través de las palabras. Si la pantalla de la TV se puede considerar una clase de ventana ideal a través de la cual observamos el mundo entero bajo forma de imágenes, la pantalla de la computadora es un libro ideal en el cual uno lee sobre el mundo en la forma de palabras y de páginas.

La computadora clásica proporcionó un tipo linear de comunicación escrita. La pantalla exhibía líneas escritas. Era como leer en un libro de la lectura rápida. Pero ahora hay hipertexto. En un libro era necesario leer de izquierda a derecha (o de derecha a izquierda, o hacia abajo, según diversas culturas) de una manera linear. Uno podía saltar obviamente a través de las páginas, era posible por supuesto – una vez en la página 300 – devolverse y releer algo en la página 10 pero éste implicaba un esfuerzo, es decir, un trabajo físico. Por el contrario el hipertexto es una red multidimensional en la cual cada punto o nodo se puede potencialmente conectar con cualquier otro. Así hemos llegado el capítulo final de nuestro “Esto—matará aquello-en nuestra historia. Es más y más común escuchar cada día que en futuro cercano los cd-rom hipertextuales, substituirán los libros. Con un sistema hipertextual o con Internet, los libros se supone podrían llegar a ser obsoletos. Si usted incluso considera que un hipertexto es generalmente también multimedial, se anticipa también que en el futuro próximo substituirán no solamente los libros sino también las videocintas y muchas otras ayudas. Ahora debemos preguntarnos si tal perspectiva es realista o es mera ciencia-ficción. Permítame enumerar una serie de problemas y las perspectivas posibles para nuestro futuro. Incluso después de la invención de la imprenta, los libros nunca han sido los únicos instrumentos para adquirir la información. Había pinturas, imágenes impresas de difusión popular, enseñanza oral, etcétera. Uno puede decir que los libros eran en cualquier caso el instrumento más importante para transmitir la información científica, incluyendo noticias sobre acontecimientos históricos. En este sentido eran el instrumento supremo usado en escuelas. Con la difusión de los varios medios de comunicación, del cine a la televisión, algo ha cambiado. Hace años la única manera de aprender un idioma extranjero (fuera de viajar al extranjero) era estudiar una lengua en un libro. Ahora nuestros hijos saben con frecuencia otros idiomas escuchando música, mirando películas en su edición original, descifrando las instrucciones impresas en la lata de la bebida. Igual sucede con la información geográfica. En mi niñez conseguí la mejor información sobre países exóticos no de libros de estudio sino leyendo novelas de aventura (Julio Verne, por ejemplo). Mis hijos sabían desde muy temprano más que yo acerca de los mismos temas con sólo mirar la TV y las películas. Uno puede aprender muy bien la historia del imperio romano a través del cine, a condición de que las películas sean históricamente correctas. Un buen programa educativo de la TV (Para no hablar de los CD-) puede explicar la Química mejor que un libro. Hoy día, el concepto de la educación compromete a muchos medios. Una política clara de la educación debe considerar las posibilidades de todos los medios. La preocupación educativa se debe ampliar al conjunto de medios. Las responsabilidades y las tareas deben ser cuidadosamente equilibradas. Si para enseñar idiomas, las cintas son mejores que los libros, póngale atención a los casetes. Si una grabación de Chopin con comentarios, ayuda a la gente a entender a Chopin, no se preocupe si la gente no compra cinco tomos de la historia de la música. Incluso si es verdad que la comunicación visual abruma hoy a la comunicación escrita, el problema no es oponer lo escrito a la comunicación visual. El problema es cómo mejorar ambos. En la Edad Media la comunicación visual era, para las masas, más importante que la escritura. Pero la catedral de Chartres no era culturamente inferior al Imago Mundi de Honorius de Autun. Las catedrales eran la TV de esas épocas, y la diferencia de nuestra TV era que los directores de la TV medieval -- léase: los buenos libros – tenían mucha imaginación, y escribían en beneficio de su público (o, por lo menos, para lo que creían era beneficio público). Pero el verdadero problema reside en otro lugar.

La comunicación visual tiene que ser balanceada con la verbal, principalmente con la escrita por una razón precisa. Alguna vez un semiótico escribió: "imágenes no pueden comunicar". Puedo decir verbalmente "Los unicornios no existen," pero si muestro la imagen de un unicornio el unicornio está allí. ¿Por otra parte, es el unicornio que veo un unicornio o el unicornio, es decir, se trata de un unicornio particular o se refiere a todos los unicornios en general? Este problema no es tan inmaterial como puede parecer, y muchas páginas han sido escritas por los logisticos y los semioticos sobre la diferencia entre las expresiones: un niño, el niño, este niño, los niños,o la niñez como idea general. Tales distinciones no son tan fáciles de exhibir con imágenes. Nelson Goodman en su libro: Lenguajes del arte se preguntaba si un cuadro que representa a una mujer es la representación de mujeres en general, el retrato de una mujer dada, el ejemplo de las características generales de una mujer, o el equivalente a la afirmación: “es una mujer que me mira”.

Uno puede decir que en un cartel o en un libro ilustrado, el subtítulo u otras formas de material escrito pueden ayudar a entender lo que significa la imagen. Pero permítame recordarle sobre un dispositivo retórico llamado el ejemplo, al cual Aristóteles dedicó algunas páginas interesantes. Para convencer a alguien sobre una cuestión dada, lo mejor es convencerlo por inducción. Con la inducción proporciono muchos casos y entonces deduzco que probablemente ellos pueden generar una ley general. Suponga que deseo demostrar que los perros son amistosos y aman a sus amos: Proporcioné muchos casos en los cuales un perro ha demostrado ser amistoso y provechoso y yo sugiero que debe haber una ley general por la cual cada animal que pertenece a la especie de perros es amistoso. Supongamos ahora que deseo persuadirle que los perros son peligrosos. Puedo hacer esto proveyendo un ejemplo: "una vez, un perro mató a su amo...." Como usted entiende fácilmente, un solo caso no prueba nada, pero si el ejemplo produce una sacudida, yo puedo estar sugiriendo que los perros pueden incluso ser antipáticos, y una vez que le convenza de que puede ser así, puedo extrapolar indebidamente una ley a partir de un solo caso y concluir: "No se puede confiar en los perros". Con el uso retórico del ejemplo puedo transferir una condición de un solo perro,. Si usted tiene una mente crítica usted puede darse cuenta que he manipulado una expresión verbal (un perro es malo) para transformarlo en (todos los perros son malos)lo cual evidentemente no significa la misma cosa. Pero si el ejemplo es una representación visual más bien que verbal, la reacción crítica se hace más difícil. Si le demuestro la imagen conmovedora de un perro dado que muerde a su amo es muy difícil discriminar entre una declaración particular y una general. Es fácil tomar ese perro como al representante de su especie. Las imágenes tienen, así que hablar, una clase de poder platónico: transforman ideas particulares en ideas generales. Así por una comunicación y una educación puramente visuales es más fácil poner en ejecución estrategias persuasivas que reducen nuestra energía crítica. Si leo en un periódico que un hombre dado ha dicho: "nosotros deseamos al señor X para presidente" yo me doy cuenta que me dieron la opinión de un cierta persona. Pero si miro en la pantalla de la TV al hombre que dice con mucho entusiasmo: " nosotros deseamos al señor X para presidente" es más fácil asumir la opinión individual como un ejemplo de la opinión general. Pienso con frecuencia que nuestras sociedades estarán divididas en un plazo corto en un rato corto (o ya lo están) en dos clases de ciudadanos: los que vean solamente la TV, y recibirán imágenes prefabricadas y por lo tanto las definiciones prefabricadas del mundo, sin ningún poder de elegir críticamente la clase de información que reciben, y los que sepan manejar la computadora, que podrán seleccionar y producir información. Esto reestablecerá la división cultural que existió en el tiempo de Claude Frollo, entre aquellos que podían leer los manuscritos, y por lo tanto críticamente los temas religiosos, científicos o las materias filosóficas, y los que eran educados solamente mediante las imágenes de la catedral, seleccionadas y producidas por sus amos, los pocos que saben leer y escribir.

Hay dos clases de libros: los que se leen y los que se consultan. Aquellos que se leen (puede ser una novela, un tratado filosófico, un análisis sociológico, etcétera) se leen de una manera linear: Usted empieza por la página 1, donde el autor le dice que un crimen se ha cometido, y pasa página a página de una manera secuencial, y finalmente usted descubre que el culpable es el mayordomo. Fín del libro, y fin de su experiencia de lectura. El mismo proceso ocurre si usted lee el Discurso del método de Descartes. El autor quiere que usted abra el libro en la primera página, siga la serie de preguntas que él propuso, y vea cómo él alcanza ciertas conclusiones finales. Ciertamente, un erudito, que conozca este libro, puede releerlo saltando de una página a otra, intentando aislar un acoplamiento posible entre una declaración del primer capítulo y uno de quinto... Un erudito puede también decidir aislar la ocurrencia de la palabra Jerusalén en la obra inmensa de Tomas de Aquino, saltando miles de páginas para centrar su propia atención en las únicas paginas que tratan de Jerusalén... Pero éstas son las maneras de la lectura que se considerían como atípicas. Pero también hay libros de consulta, como los manuales y las enciclopedias. Los manuales se deben leer a veces de principio a fin; pero cuando uno sabe la materia bastante, uno puede consultarlos seleccionando sólo algunos capítulos o algunos pasos. Cuando estaba en secundaria tuve que leer enteramente, de una manera linear, mi manual de matemáticas; hoy, si necesito una definición exacta del logaritmo, solamente consulto acerca de ellos Lo conservo en mi biblioteca no para leerlo y releerlo a diario, sino para consultarlo cada vez que necesite de una información precisa. Las enciclopedias se conciben para ser consultadas permanentemente y no para ser leída de la primera a la última página. Generalmente uno toma un volumen dado de su enciclopedia para saber o para recordar cuándo Napoleón murió o cuál es el fórmula del ácido sulfúrico. Pero las enciclopedias pueden ser utilzadas de una manera más sofisticada. Si deseo saber si fue posible o no que Napoleón conociera a Kant, debo recurrir al volumen K de mi enciclopedia y al volumen N. Encuentro que Napoleón nació en 1769 y murió en 1821, y Kant nació en 1724 y murió en 1084 cuando Napoleón ya era emperador luego no es imposible que los dos se encontraran.

Tengo probablemente que consultar una biografía de Kant, o de Napoleón para saber si un encuentro entre estos personajes está registrado. En un escrito, debo hojear a través de muchos libros en muchos estantes de mi biblioteca, debo tomar notas para comparar más adelante todos los datos que recoja, etcétera. En resumen, todo el esto me costará un trabajo dispendioso. Con un hypertexto, puedo navegar a través de la enciclopedia entera. Puedo conectar un acontecimiento registrado al principio con una serie de acontecimientos similares diseminados todos a lo largo del texto, puedo comparar el principio con el final, puedo pedir la lista de todas las palabras que comienzan por A, puedo pedir todos los casos en los cuales el nombre de Napoleon se relaciona con el de de Kant, puedo comparar las fechas de su nacimiento y muerte - en resumen, puedo hacer mi trabajo en pocos segundos o pocos minutos. Los hypertextos volverán ciertamente a las enciclopedias y los manuales obsoletos. En muy pocos cd-rom (probablemente pronto en solo) es posible almacenar más información que en la enciclopedia entera Britannica, con la ventaja que permite referencias cruzadas y la recuperación no linear de la información. El conjunto de los discos compactos, más la computadora, ocupará un quinto del espacio ocupado por una enciclopedia. La enciclopedia no puede ser transportada con la misma facilidad de un CD-ROM, no puede ser actualizada fácilmente. Los estantes llenos hoy de metros y metros de enciclopedias desaparecerán y no habrá ninguna razón para lamentarlo.

.¿Puede un texto hipertextual sustituir los libros que se leerán? Esta pregunta menciona dos problemas diferentes, y de hecho da pié para dos preguntas diferentes: La primera desde un punto de vista práctico: ¿Puede una cierta ayuda electrónica sustituir el libro de leer?
Y la segunda pregunta desde el punto de vista teórico y estético: ¿Puede un hipertexto o un cd-rom hipertextual transformar la naturaleza misma del libro que se lee? Por ejemplo, un libro de poemas o una novela

Déjeme primero responder a la primera pregunta. Los libros seguirán siendo imprescindibles no solamente para la literatura, sino para cualquier circunstancia en la cual sea necesario leer cuidadosamente, recibir no sólo la información sino también especular y reflexionar sobre ella. Leer una pantalla de la computadora no es igual en cuanto a leer un libro. Piense en lo que ocurre durante el proceso de aprender un nuevo programa de computadora. El programa puede generalmente exhibir en la pantalla todas las instrucciones que usted necesita. Pero generalmente los usuarios que desean aprender el programa imprimirán las instrucciones y las leerán como si estuvieran en forma del libro, o comprarán un manual impreso. Es posible concebir un programa en computadora que explique muy bien cómo imprimir y encuadernar un libro, pero para conseguir instrucciones en cómo escribir (o cómo utilizar) un programa de computadora, necesitamos un manual impreso.

Después de permanecer más de 12 horas en una pantalla de computador, mis ojos son como dos pelotas de tenis, y siento la necesidad de sentarme confortablemente en un mullido sofá y leer un periódico, o quizá un buen poema. Pienso que las computadoras están difundiendo una nueva forma de instrucción pero son incapaz de satisfacer todas las necesidades intelectuales que ellas mismas están estimulando. En mis mejores momentos de optimismo, sueño con una generación digital que lea en la pantalla del computador, pero que en cierto momento se sienta insatisfecho, y busque un momento de placidez y relajación para leer un buen libro.

Durante un simposio sobre el futuro de los libros en la universidad de San Marino, Regis Debray ha observado que el hecho de que la civilización hebrea sea una civilización basada en un libro no es independiente del hecho de que fuera una civilización nómada. Pienso que esta observación es muy importante. Los egipcios podrían tallar sus expedientes en los obeliscos de piedra, Moises no. Si usted desea cruzar el mar rojo, un pergamino es un instrumento más práctico para la sabiduría que una columna Pero los libros tienen una ventaja adicional sobre los computadores. Incluso si están impresos en el papel ácido moderno, que dura solamente 70 años, son más durables que las ayudas magnéticas. Por otra parte, no sufren de escasez de energía y apagones a los golpes. Hasta ahora, los libros todavía representan el modo más económico, versátil, y facil de usar para transportar información.

La comunicación en las computadoras viaja delante de usted, los libros viajan con usted y a su velocidad, pero si usted naufraga en una isla desierta, un libro puede servirle, mientras que usted no siempre tiene la opción de enchufar una computadora donde quiera. Y si tiene baterías solares, nunca disfrutará de la lectura tendido sobre una hamaca.

Los libros siguen siendo los mejores compañeros para un naufragio, o para el día después.

Palabra touchscreen: ipad

5 comentarios

Hay una tema que suele salir cada vez que se discute sobre la palabra escrita y los medios de comunicación: la vigencia de la palabra impresa versus la palabra digital. Si algo es un hecho, es que seguiremos leyendo, la duda es el soporte.

Hay un grupo que predice el fin de los periódicos, revistas y libros como el modo que accedemos a la palabra escrita y aseguran que serán sustituidos por sus pares digitales, o por nuevos géneros editoriales pero igualmente consultados por medios virtuales. Bibliotecas enteras reunidas en un soporte menor, o en un dispositivo que acceda a una biblioteca en linea y de esta baja los textos, sonidos, videos y demás material que desee consultar. Esto, cambiaría radicalmente la manera como accedemos, concebimos e interpretamos la información.

En la otra esquina, están quienes argumentan que estos amantes de la tecnología, caen el mismo error de quienes predijeron el fin de la pintura con la aparición de la fotografía, el fin del teatro con la aparición del cine, el fin de las salas de cine con la aparición de la videocasetera o el fin del radio con la aparición de la televisión.

De ambos lados hay argumentos validos, y les propongo que utilicemos este medio, para expresar nuestra opinión al respecto, podemos ir fijando una postura, comentando la de otros, fijar nuevas inquietudes y espero compartiendo material.

Yo ire subiendo material que sirva para enriquecer este debate, que forma parte esencial de las temáticas de esta materia.

Ipad



Como primer provocación les dejo este video donde el día de hoy Steve Jobs nos presenta un nuevo gadget, donde apuestan un cambio cultural, relativo a esta tema.